Opinión

“Tu teléfono está hecho con sangre”

La era digital:

Una revolución que se alimenta de la sangre de quienes no participan en ella. Por eso, por muy doloroso que sea leer la realidad que hay escrita a continuación, es preciso que conozcas lo que ahora mismo tienes en las manos, en el bolsillo, encima de la mesa o cargándose.

Para algunos países todos los días son 11 de septiembre. El conflicto en la República Democrática del Congo es el más mortífero desde la 2ª Guerra Mundial: desde 1998 hasta 2008, han perdido la vida 5,4 millones de personas (datos de Internacional Rescue Committe).

Una guerra por el control total de la riqueza geológica de la zona, diamantes, cobre, zinc, cobalto, uranio… Pero sobre todo por el conocido como “oro azul”, el coltán, ya que cerca del 80% de las reservas mundiales estimadas se encuentran en la R. D. del Congo. De hecho, a la Segunda Guerra del Congo se le apodó como la “Guerra del Coltán”.

FDLR (Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda) son las siglas de un movimiento rebelde procedente de Ruanda que lleva instalado en el Congo más de 13 años y controla la actividad en las minas. Un miembro de ese grupo, comenta para un canal de televisión alemán (TG4) la situación actual de las minas de coltán y todo lo que le rodea. “Nunca se ha dejado de excavar, aunque la gente tenga miedo el coltán es más fuerte que eso”, revela el miembro de la FDLR, protegido en el coche de los entrevistadores. Cuando se le pregunta sobre cómo adquieren las armas y el dinero, el miliciano responde con un rotundo “no puedo hablar de eso”.

Niño congolés trabajando con sus manos en busca de coltán
Niño congolés trabajando con sus manos en busca de coltán

Los militares congoleños chantajean a sus propios compatriotas cobrándoles una tasa por llevar el mineral excavado hasta su destino. Son porteadores (hombres, mujeres, niños y niñas) extorsionados por los que, en teoría, deberían de proporcionarles seguridad. Algunos caminan hasta 4 días para llevar el mineral hasta la aldea designada, donde cada portador recibe 15 euros por los sacos transportados.

 Josephalcalde de Ranah, lugar donde se concentra todo el coltán de la región, afirma que “las zonas de las minas se encuentran ocupadas por los extranjeros”. “Se podría decir que el problema tiene dos aspectos, el aspecto político y el aspecto económico. Siguen habiendo extranjeros en suelo congoleño y nos siguen robando como antaño, se enriquecen a nuestra costa y nosotros seguimos sumidos en la pobreza”, denuncia el alcalde de la región congoleña.

Trabajar en las minas

Los caminos que llevan a las minas tienen un estado deplorable, son casi inaccesibles. Las minas de coltán son más parecidas a canteras, cráteres abiertos en la roca desnuda como una manga de tierra viva que sobresale de una abundante vegetación. Una herida de piedras y barro en la naturaleza congoleña en donde trabajan adolescentes esclavizados, cuyas únicas herramientas para sustraer el preciado coltán son palos oxidados y sus propias manos. Ante la pregunta de si saben para qué se usa el coltán contestan ladeando los hombros, “no, sólo sabemos que es un mineral”.

La tierra es lavada como si fuese oro en busca de pequeños guijarros oscuros. Arrastrada reiteradamente con las manos desnudas de congoleños que tienen como mucho 15 años, una vez eliminadas las impurezas, utilizan de recipiente un viejo plato de porcelana en donde se deposita el coltán codiciado por los grupos armados. Varios días de trabajo para un minero supone apenas el equivalente a un bote de conserva de coltán; un bote que después es vendido por algo menos de 5 euros.

Mina de coltán en R. D. del Congo (África)
Mina de coltán en R. D. del Congo (África)

El viaje del coltán

A falta de carreteras, el coltán es transportado en aviones hasta las ciudades. Los aparatos que utilizan son viejos aeroplanos soviéticos que vuelan por zonas de difícil acceso y no pocas veces con una excesiva carga. Ejemplo de ello son los múltiples restos de fuselajes, pertenecientes a aviones accidentados, esparcidos a lo largo de infinitas montañas escarpadas. Y por si no fuera suficiente, hay que estar al tanto de los grupos armados que asaltan los aeropuertos (un espacio de 500 metros de tierra batida en medio de la selva) o, directamente, disparan contra la aeronave para hacerse con el botín que aguarda en su interior.

En Mulungu, una región que vive de las minas de coltán, aterriza un avión cada diez días. Es el único contacto que mantienen con el exterior. Desde 1960 no hay carreteras en esa zona, no hay coches ni camiones a lo largo de cientos de kilómetros a la redonda, sólo se puede ir a pie y transportar cualquier cosa sobre la espalda debido al terreno tan irregular.

Las mujeres congoleñas

Si para los rebeldes el coltán es lo más preciado del Congo, lo más insignificante son las mujeres. Las capturan a punta de pistola en sus propias aldeas, no importa la edad, las arrastran hasta sus asentamientos en la profundidad de la selva y hacen de ellas sus esclavas sexuales. Una de las pocas mujeres que lograron escapar de las manos de sus captores relata que “a sus hermanos pequeños también se los llevaron a trabajar como esclavos a las minas de coltán”. “Si te cansas de trabajar te cortan el cuello”, asevera con la mirada ausente.

Christine Schuleractivista por los derechos humanos en el Congo, afirma que “las quemaban vivas, las mataban a machetazos y si tenían suerte les daban un tiro en la cabeza”. En una región dominada por el terror, Christine Schuler es a menudo el único recurso para las mujeres que lo sufren en primera persona, ya que todos los meses entrega a cada mujer 10 dólares, (una suma importante en esa zona).

Christine Schuler
Christine Schuler

La activista africana señala que “la violación en el Congo es un arma de destrucción masiva”. “Habría que crear nuevas palabras para definir estas agresiones, se realizan rituales con violaciones a bebésa ancianas… Les introducen bayonetaspalosplásticos calientes. Quieren destruir el motor de la sociedad congoleña, que es la mujer”, denuncia Christine Schuler, lejos de suprimir detalles que puedan edulcorar su situación.

Christine Schuler: “La violación en el Congo es un arma de destrucción masiva”

El coltán se vende a 50 euros el kilo, cuando se le pregunta a una pareja de comerciantes sobre quién fija los precios uno de ellos se echa a reír, mientras que el otro tartamudea ante la cuestión. Finalmente el comerciante jocoso dice que “el precio lo fijan los blancos”. “Lo fijáis vosotros, que sois quienes compráis los móviles”, afirma sonriendo. El dinero del coltán financia las guerrillas que asolan el país, de eso no hay duda alguna, pero ya se sabe que el dinero y la conciencia no hacen buena pareja.

Tu teléfono está hecho con sangre
“Tu teléfono está hecho con sangre”

“¿Cómo pueden unos seres humanos hacerles eso a unos niños indefensos? ¿Cómo pueden destripar a mujeres embarazadas?” Se pregunta Jam Bosco, un sacerdote que lleva un registro de estos crímenes con la esperanza de que tal vez, algún día, los torturadores sean llevados ante la justicia por la barbarie que perdura todavía hoy. “Lo que mantiene a estos grupos armados es el hecho de que pueden acceder al capital gracias a los minerales que recogen y que luego venden”, señala exaltado el sacerdote. En un momento de reflexión, Jam Bosco subraya que “cuando se ven estas cosas, uno se pregunta si los que compran el mineral tienen conciencia”.

Tengo en la mano un móvil”, se sincera el sacerdote Jam Bosco, “sé perfectamente que el mineral que contiene es coltán y que ha sido obtenido a costa de la masacre de lugareños por el trabajo agotador, por los niños que obligan a trabajar en las minas, por los grupos armados”. Antes de bajar la cabeza, resignado, Jam Bosco se pregunta, casi para sí mismo, si “es necesaria tanta sangre”.

Jam Bosco, sacerdote congolés: “Lo que mantiene a estos grupos armados es el hecho de que pueden acceder al capital”. “Uno se pregunta si los que compran el mineral tienen conciencia”

Son tiempos de cambio para una sociedad (sobre todo la occidental) con rumbo fijo a lo que se conoce como “era digital”, pero cambiar no es fácil. La abrupta irrupción de la tecnología en occidente no sólo está nublando sus conciencias, sino que también está cegando sus ojos. Sucesos como los que a día de hoy se siguen produciendo en el Congo a raíz de la brutal demanda de dispositivos son los que más merecen nuestra atención. Recordando el argumento de la conocida película Avatar, de James Cameron, se pueden trazar similitudes entre el pueblo congoleño y la tribu de los na’vi, semejanzas que bien se le podrían atribuir al reconocido director como una cruda inspiración. Una vez más, la realidad supera a la ficción.

La relación entre Avatar y el coltán - La realidad siempre supera a la ficción
La relación entre Avatar y el coltán – La realidad siempre supera a la ficción

Fuentes: Patrick Forestier, Christine Schuler, Proyecto Matriz, Ferdinand Muhigirwa, Alberto Vázquez Figueroa

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